Howard Carter y la maldición del faraón

Un breve repaso por la historia y la vida de este arqueólogo y egiptólogo inglés, que saltó a la fama cuando descubrió la tumba de Tutankamón

miércoles 9 de mayo de 2012 | 00:09 hs

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Howard Carter y la maldición del faraón

Howard Carter, arqueólogo y egiptólogo inglés

Inglaterra.- Howard Carter nació en Swaffham, Reino Unido, en 1874, y hoy vuelve a estar en boca de todos gracias a Google que le dedica su doodle de hoy. De pequeño, pasó gran parte de su niñez con sus tías en el campo por una recomendación médica, ya que Carter era un niño enfermizo. Por este mismo motivo, no fue a la escuela y su educación corrió a cargo de profesores particulares, lo que desembocó en una cierta dificultad para las relaciones sociales por lo que fue un niño bastante tímido. 

Su padre era un pintor que gozaba de cierta fama en Inglaterra y Howard heredó ya desde muy pequeño su facilidad para dibujar y copiar. Por medio de su padre, Carter fue recomendado al arqueólogo Percy Newberry, que en 1891 trabajaba para el Egypt Exploration Fund, con el fin de que le ayudara a copiar las escenas de las tumbas de Beni Hassan. Así, a los diecisiete años viaja a Egipto, lugar que le haría famoso, por primera vez.

En 1.899, conoce a Maspero, jefe de antigüedades egipcias que, sabiendo el talento que Carter poseía, decide nombrarle inspector jefe de antigüedades del Alto Egipto. Durante el tiempo que trabajó en este puesto se ocupó de monumentos tan conocidos como el templo de Abu Simbel, Luxor, Karnak y el Valle de los Reyes. Su misión era protegerlos de los ladrones y expoliadores, así como facilitar el acceso de los turistas.

En ese momento, Carter conoce al conde de Carvanon quien le contrata para dirigir una excavación patrocinada por él. Realizaron juntos varios trabajos pero nunca imaginaron que serían los más famosos de todos los que pasaron por el Valle de los Reyes, ya que después de mucho trabajo y junto a un gran equipo, descubrieron la tumba del faraón Tutankhamón.

Carter murió el 2 de marzo de 1939 a los 65 años, de muerte natural, diecisiete años después de su descubrimiento. Su frase preferida cuando le hablaban de la “maldición” que supuestamente había caído sobre todos los que encontraron la tumba, era: “Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas”. Y añadía: “Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se les bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos… Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas…El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones”.

 Redacción El Cívico.-

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