La clave de este descubrimiento reside en la naturaleza bioeléctrica de los seres humanos, la cual es sensible a la influencia y a los cambios de los campos electromagnéticos, generados además, por la presencia de agua, sal, metales y minerales. Partiendo de esta base, es que se puede comenzar a analizar el papel que juegan las pulseras con iones negativos en el cuerpo humano.
Teniendo en cuenta que los procesos celulares metabólicos y los pensamientos son generados por procesos electromagnéticos, se desprende que la proliferación de artefactos electrónicos a nuestro alrededor, provoca alteraciones en el entorno ambiental y por ende en esa coexistencia electrónica entre los elementos. Esa “superpoblación” electromagnética representa la ionización positiva pero además, son nuevos agentes que no sólo alteran el equilibrio hombre-naturaleza sino que, además, influyen negativamente en la salud física y mental de las perronas.
Por eso es que se popularizado la idea de incorporar iones negativos, en especial esas pulseras que cuentan con más de 1500 iones negativos que ayudan a nivelar la pérdida y el exceso de iones positivos diarios.
Además, se debe tener en cuenta que en el aire fresco, el nivel normal de iones es de 2 mil a 4 mil por centímetro cúbico, teniendo en cuenta que los mismos se generan en procesos naturales tales como los rayos cósmicos, rayos ultravioleta, tormentas, cataratas, cascadas, las olas del mar, ciertos tipos de árboles y plantas, etc, donde la división entre positivos y negativos es de un 50%. Frente a esto, ese exceso de iones positivos producto del avance de ciertos artefactos, son lo que generan dolores de cabeza, depresión, cansancio, insomnio, entre otros malestares, males contra los que se quiere posicionar esa pulsera.
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